ANTONIO BRICEÑO en las salas 3 y 4 del Museo de Arte Contemporáneo

EL NACIONAL – LUNES 15 DE DICIEMBRE DE 2008
CULTURA/3
Cultura
El foro del lunes
ANTONIO BRICEÑO
El artista defiende el poder transformador de la belleza Las salas 3 y 4 del Museo de Arte Contemporáneo acogen la muestra fotográfica con la que Venezuela participó en la 52º Bienal de Venecia. Para su creador, la exhibición es el fin de [...]

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EL NACIONAL – LUNES 15 DE DICIEMBRE DE 2008
CULTURA/3

Cultura
El foro del lunes

ANTONIO BRICEÑO
El artista defiende el poder transformador de la belleza Las salas 3 y 4 del Museo de Arte Contemporáneo acogen la muestra fotográfica con la que Venezuela participó en la 52º Bienal de Venecia. Para su creador, la exhibición es el fin de una búsqueda de seis años
«No entiendo por qué la estética causa tanto pánico a los curadores»
JUAN A. GONZÁLEZ jgonzalez@el-nacional.com

E n su trabajo se conjugan la pasión por los viajes, un irreprimible espiritualismo y un prudente interés por la biología, carrera que cursó en la Universidad Central de Venezuela pero que le reveló la prepotencia de la ciencia al desconocer las razones del alma humana. Antonio Briceño es un hacedor de dioses, aunque su Olimpo no se encuentra en la mitología griega, sino en la cosmogonía de los indígenas de América Latina.Desde ayer, se expone en las salas 3 y 4 del Museo de Arte Contemporáneo el producto de seis años de trabajo fotográfico de Briceño. Una treintena de imágenes de gran formato en las que las divinidades continentales son representadas, primero, a partir de las revelaciones que a este artista caraqueño le han hecho chamanes de distintas etnias de México, Brasil, Perú, Colombia, Panamá y Venezuela; y segundo, de su propia imaginación y de sus destrezas en el manejo del programa de edición fotográfica Photoshop. Cultura y tecnología juntas en la búsqueda de una identidad reconocible.La muestra se titula Los dioses de América. Panteón natural y es, según su autor, una recopilación de mitos aborígenes desde una perspectiva plástica: “Son representaciones que hasta ahora no tenían una manifestación gráfica. Por lo general, las fotografías del mundo indígena tienen algo que siempre me ha parecido fascista, y es esa visión paternalista en la que los indios son los `pobrecitos’, los `depauperados’, una gente por la que hay que sentir lástima. Mi trabajo apunta a lo contrario: a dignificar lo que hay, que no es poco, sino desconocido”.Y prosigue: “Todavía mucha gente piensa que yo visto a los indígenas que aparecen en mis fotos, porque están convencidos de que ya no queda nada de sus culturas. En ningún caso he mandado a alguien a ponerse algo. Procuro trabajar con ellos cuando celebran sus fiestas tradicionales y usan sus mejores galas, pero ésa es su cultura y aún está así”.

–En años recientes, se han reconocido de manera constitucional los derechos de los pueblos indígenas. Usted que ha convivido con diferentes etnias venezolanas, ¿ha notado cambios sustanciales en éstas?–
No creo que los cambios, si los hay, sean comprobables en las comunidades. Sí hay otra mentalidad, algo parecido a lo que pasa con el ambientalismo y la ecología: el planeta está tan mal que finalmente la gente ha tenido que prestarle atención a cosas que antes ignoraba. Creo que ha podido pasar algo así con los pueblos indígenas, después de 500 años de, digamos, masacre. Sí hay una toma de conciencia, pero va más lenta de lo que uno quisiera. Aún hay mucho por hacer. Probablemente, mi trabajo no vaya a cambiar nada, pero lo importante no es solamente que los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales relacionadas con el tema estén moviendo las cosas, sino que el mundo en general se sensibilice.Reconoce Briceño que haber mostrado Los dioses de Amé rica en la 52º Bienal de Venecia fue interesante porque le permitió comprobar que mucha gente desconoce la existencia de culturas como las de los huichol (México), kuna (Panamá), kogui y wiwa (Colombia), quero (Perú), kayapó (Brasil), wayúu, piaroa, pemón y ye’kuana (Venezuela).”Para ellos, los indígenas son el pasado. Incluso, persiste la idea de que si no se occidentalizan están destinados a desaparecer. Así, las comunidades aborígenes viven en la dura batalla de ver cómo corren y se encaraman en este mundo sin perder sus tradiciones”, asegura.
–Pero si los dioses indígenas son como usted los retrata y recrea (espléndidos, míticos, grandiosos), ¿por qué su visión no está más generalizada?–
Porque en nuestros países mestizos, normalmente, tratamos de erradicar lo indígena, como si fuera algo vergonzoso. Es patético, pero real: el término indígena aún se asocia a primitivo, atrasado. La cultura occidental es tan egocéntrica que hay 10.000 culturas más, pero todo lo que sea diferente de ella es exótico.
Oasis veneciano –El hito de la 52º Bienal de Venecia fue el pabellón Arsenal, que reflejó la posición del arte frente a las guerras. Su propuesta, sin embargo, apuntó hacia otro lado. ¿Considera que fue pertinente su participación en esta muestra?–
Me parece que fue oportuna porque el pabellón de Venezuela fue un oasis. La Bienal de Venecia fue lúgubre. Claro que era importante que se exigiera a los artistas una posición crítica frente a la realidad, ¡el mundo se está cayendo, por Dios! Sin embargo, creo que para el público fue nefasto. Habrá sido interesante para los involucrados en el mundo del arte, los críticos y los artistas, pero la gente salía destruida de esa exposición.Eso favoreció la propuesta venezolana.
–Por un lado, estaba la reflexión acerca del horror de la guerra, pero por otro, esa especie de gozo estético que producen sus obras. ¿Qué papel desarrollaron sus fotografías en ese ambiente lúgubre?–
Auque parezca contradictorio, no necesariamente lo es. Lo que planteé en Venecia fue una visión alternativa: en un mundo de matanzas, están estos señores con otra propuesta de relación con la naturaleza. Estoy convencido de que el artista tiene que ser crítico, pero mi tendencia es a que el aporte venga por el lado estético y místico, más que por el lado de la reflexión sobre la base de lo terrible.La belleza también tiene poder de cambio, no es sólo contemplativa.
–La realidad es que se toma más en serio la crítica descarnada de lo descarnado, de lo terrible. –
No entiendo por qué la estética causa tanto pánico a los curadores. Desde el principio de mi carrera asumí el riesgo de trabajar con la estética. Muchos curadores me dicen que ellos conocen a los indígenas y saben que no son así. Pero sí lo son, yo he estado con ellos. Muchos de esos expertos ni siquiera han visto a los indígenas con los que he trabajado porque para llegar a sus comunidades hay que tomar 3 avionetas, 4 burros y caminar 17 horas. Pero son así, yo no los inventé. Por lo general, todos los argumentos contra mi trabajo están basados en prejuicios, en que estoy mostrando lo que algunos curadores creen que no existe, cuando precisamente reivindico algo que nadie sabe que existe.
–¿Afirma, entonces, que la curaduría puede distorsionar la visión de la realidad y del arte?–
Depende de la onda en la que ande un curador. Siempre hay unas tendencias que mandan desde afuera, y lo políticamente correcto es que todos los demás nos subordinemos a ellas. Muchos curadores tienen miedo de hacer algo que no se corresponda con las modas porque los van a acusar de extemporáneos, románticos o cualquier otra cosa.
–Ese regocijo que usted dice que sentía el espectador de Venecia ante su obra, ¿no lo hizo pensar que estaba siendo complaciente?–
Me gusta que el público capte lo que estoy tratando de transmitir, que es una cosa estética y espiritual. Me molesta la tendencia contemporánea de que el arte sólo lo entienden quien lo hizo, el curador y dos personas más.Si un artista siente la necesidad de expresarse, tiene que hacerlo en términos de llegar al otro. Me encanta que cualquiera pueda entender mi trabajo, le guste o no. Puede parecer complaciente, ciertamente, pero eso a mí no me preocupa.

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  1. [...] Es probable que a Briceño estos detalles no le preocupen, al igual que otras cosas como hizo saber en su última entrevista. [...]

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  • Personal

  • 04.Jul
  • El tiempo
  • Ha pasado tiempo desde la última vez que escribí por acá, era necesario guardar silencio.
    Estar en el PHE 2010 sin duda ha sido importante, es hora de retomar mi camino.
    Mirar hacia adentro y sacar lo que tiene que salir.
    A Adriana Lestido, gracias.

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