Alexis Pérez Luna: “La fotografía es un arma creadora de conciencia; lo que hay que permitir es que se dispare”

Publicado en Encontrarte el 1 julio 2006

Foto Marisela Fuentes
Venezolano oriundo de Caracas, 57 años, fotógrafo, viajero incansable, persona comprometida con la causa social, militante histórico en el campo de la izquierda. En su carrera como fotógrafo autoral obtuvo numerosos premios, pero nunca vivió de la fotografía artística. Recién ahora, con el proceso de la Revolución [...]

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Publicado en Encontrarte el 1 julio 2006


Foto Marisela Fuentes

Venezolano oriundo de Caracas, 57 años, fotógrafo, viajero incansable, persona comprometida con la causa social, militante histórico en el campo de la izquierda. En su carrera como fotógrafo autoral obtuvo numerosos premios, pero nunca vivió de la fotografía artística. Recién ahora, con el proceso de la Revolución Bolivariana, expuso en un museo. Sus muestras siempre fueron alternativas, en distintos lugares comunitarios (escuelas, centros barriales, hospitales) y sin mayor pompa.

Su obra está hecha casi exclusivamente en blanco y negro.

Actualmente no milita en ningún partido pero apoya totalmente el proceso político en curso, por lo que pone a disposición de la causa todo su archivo (enorme, por cierto) y su amplio conocimiento en el ámbito fotográfico.

ENcontrARTE: Alexis, ¿cómo llegas a la fotografía y cuál ha sido tu vinculación con ella durante toda tu dilatada carrera?

A.P.L: Llegué a la fotografía en el año 64, cuando estaba en el Liceo Andrés Bello. Pero realmente empecé a trabajar formalmente como fotógrafo en un periódico en el 68, cuando entré a El Nacional, en la página cultural. Era un privilegio trabajar ahí, dado que no le imponían a uno una manera de fotografiar. En esa época militaba en la Juventud Comunista. Llegué a la fotografía por el periodismo, a partir de mi hermana que era periodista. Las primeras referencias que tuve fueron, como sucede desgraciadamente siempre en estos casos, autores europeos y norteamericanos. Como siempre, entonces, hay muy poca difusión de autores latinoamericanos. En mi área, en fotografía, de hecho hay muy poco; quizá alguien como Salgado, el brasileño, o el peruano Martín Chambi. Pero es muy poco lo que se conoce de fotógrafos de nuestra región. Nuestras referencias estéticas y formales son de afuera, de Europa y de Estados Unidos, donde hay un vicio de formación visual estética. Aunque pueda pensarse que el proceso fotográfico es muy técnico, que es una cámara, una óptica, una mecánica y una química, todo eso no está exento de una ideología. Por ejemplo, con la química se puede ver claro: con la escala de grises, que son los patrones de referencia de la estética visual que nos viene de esos países, se trata de patrones que corresponden a un tipo de luz. Pero en nuestro continente las cosas son distintas: aquí hay más luz, más color, hay una luz dura, un contraste fuerte. De todos modos estamos formados con toda una carga concebida en otra realidad. Y lo mismo pasa cuando la obra de arte fotográfica entra a los museos, porque ahí el mensaje se sacraliza y la denuncia puede transformarse. Al volverse obra de arte para el museo, para entrar al circuito comercial, puede esfumarse así su carga original. Yo estuve influenciado por los fotógrafos norteamericanos de principios del 900, quienes con fotografía de denuncia habían logrado cambios sociales. Y eso me hizo pensar que con la fotografía uno puede aportar para causas útiles. Por ahí empezó mi trabajo; tengo varios trabajos sobre el tema de la desnutrición en Venezuela, sobre la niñez. También mostré las condiciones terribles en que estaban las colonias psiquiátricas. Empecé a fotografiar en función de eso: denunciar para crear una conciencia y que así se genere alguna reacción por parte de alguien. Por supuesto: gran fracaso. Nunca logré absolutamente nada. Pero era claro: el cambio no puede venir por ahí, tiene que ser un cambio político. Yo pensaba que la fotografía iba a ser tan impactante que iba a lograr conmover, que algo iba a pasar. Pero como no se consiguió ningún cambio con ese tipo de denuncia, comienzo a hacer entonces un trabajo distinto, que es un registro de la historia, de la memoria del país. Empecé con un grupo de fotógrafos, hacia fines de los 60 y principios de los 70, a fotografiar el país, su gente, su arquitectura, su artesanía, todo lo que tiene que ver con una memoria que se estaba perdiendo, tanto en edificaciones como en costumbres. Empecé a fotografiar todo eso, y seguí en eso toda mi vida: hacer el registro de la memoria histórica del país. Lo cual es un trabajo ingrato, porque todo eso podrá adquirir importancia años después que me muera, soy conciente de eso. Sin embargo he tratado de hacer que eso adquiera importancia ahora, por lo que me relacioné con distintas organizaciones que pueden ayudar en esa tarea, como el Centro Nacional de Fotografía. Si no se aprovecha todo ese material para darle un buen uso, terminarán siendo fotos que pasan al olvido, y en verdad ahí hay una memoria gráfica de nuestra historia que no debería perderse. Hay pueblos en Venezuela que prácticamente han desaparecido, y yo tengo sus fotos. Esto es un pequeño reclamo que hago a los compañeros del gobierno: todo el material que pongo a disposición podría utilizarse como referencia para la gente joven, y todo eso está aquí, fotografiado, y no es necesario esperar 100 años para mostrarla. Ya podemos ahora mismo empezar a mover todo eso para ayudar a construir nuestra identidad latinoamericana. Estamos invadidos por la globalización. Hay que aclarar que la globalización no es mala per se; puede ser muy buena cuando tiene que ver con el intercambio de informaciones útiles para todo el mundo. Pero es mala cuando quieren que todos comamos una hamburguesa Mc Donald’s. Pero puede ser muy lindo buscar, como ahora está haciendo Telesur, que todos nos conozcamos. En el campo de la fotografía, insisto, casi no se conocen cosas de otros países latinoamericanos. Conocerse no es mostrar simplemente la fotografía de un indígena. Hay que estar muy alerta con eso: para muchos fotógrafos eso siguen siendo trofeos de caza. De hecho en Brasil hay todo un movimiento que dice que no se debe fotografiar a los indígenas, no se debe ni ir en su búsqueda, por respeto a ellos, a su vida, a su manera de ser. Muchos fotógrafos van para allá, a la selva, para luego publicar en Naciotal Geografic. Y eso es el gran trofeo: cuanto más difícil sea hacer la foto, más alejado haya que irse, más complicado técnicamente, es un trofeo más preciado.

ENcontrARTE: ¿Tú nunca has hecho este tipo de fotografía?

A.P.L: No. Tuve algunas experiencias en el sur de Venezuela con algunas poblaciones indígenas, dos o tres fotos, pero el resto de mi material es distinto. Tengo mucho respeto por estas poblaciones, por eso no las fotografío. Mi trabajo ha sido básicamente de denuncia en principio, y luego este registro histórico que te comentaba. Hay mucha dificultad con el campo de la fotografía, es algo muy complicado. Los fotógrafos artísticos se ven obligados a caer en las redes de los mercaderes del arte, las galerías, porque prácticamente no hay otros fondos de financiamiento para este trabajo. Ahora, con este gobierno revolucionario, todos estamos esperando que eso vaya viniendo. En Estados Unidos, para la década de los 50, se hizo algo muy interesante: con muchos fondos de apoyo del gobierno, el organismo encargado de toda la problemática del campo se mandó a los 20 o 30 mejores fotógrafos, cualquiera que fuera su ideología, a fotografiar todo lo que ocurría en el campo en todo el país. Eso fue fabuloso, porque se construyó un archivo con miles de miles de fotos hecho con toda libertad, sin restricciones, de todo el país. Algo así sería bueno que ocurra aquí.

ENcontrARTE: Tomando lo que decías hace un instante: quizá el arte en general, o más específicamente la fotografía, dadas sus características particulares, ¿puede servir para incidir o para cambiar la realidad? ¿Debe servir para eso? ¿En qué sentido?

A.P.L: Creo que sí: la fotografía puede ayudar a cambiar la realidad social. Este tipo de trabajo ayuda a crear una conciencia. Al conocer el país, al conocernos más, podemos tomar más conciencia de lo que somos, de nuestros potenciales humanos, todo eso, indudablemente, puede traer una transformación. Pero eso no se da solo; tiene que funcionar junto con todo un equipo. Por eso es interesante insertarlo en el medio de un proceso revolucionario. Por ahora hay avances lentos. Como siempre: estos procesos no son fáciles, hay avances y retrocesos, hay toda una escuela del ensayo y del error. Creo que vamos bien, pero sería ideal que todo este registro visual sirviera para la transformación de la mentalidad de lo que somos como grupo, como país, como colectivo. Creo que ahora se nos abre esa gran oportunidad.

ENcontrARTE: No hay dudas que ahora, con la Revolución Bolivariana, se abren nuevas y prometedoras posibilidades. Pero ¿cómo fue tu experiencia haciendo este tipo de foto durante las décadas pasadas?

A.P.L: Muy frustrante. Muy frustrante como fotógrafo de denuncia, por no obtener logros; y como artista también, porque uno tiene que enfrentarse todo el tiempo con esa invasión de nuevas formas de lenguaje que nos imponen los poderes. Es mucha casualidad que en todas las galerías del mundo, manejadas sin dudas por un mismo poder hegemónico, curiosamente todas las obras que se exponen sean iguales. Y ahí algo raro pasa: no puede tener las mismas motivaciones un artista que vive en un pueblito y que va con su burro en la montaña que alguien que vive en Nueva York o en París. Desde luego ahí hay valores, aspectos estéticos, experiencias de vida distintas, y no puede ser que todos produzcan la misma obra. Hay una imposición, desde el poder, por crear un tipo estandarizado de obra de arte medio impersonal, sin identidad propia. Cuando uno la ve, no puede reconocer el lugar, las circunstancias. Lo que se produce en Latinoamérica no siempre, más bien pocas veces, tiene el sello propio de lo latinoamericano. Muchas veces el arte moderno nos aleja de nuestra realidad, nos desvincula. Además, con un mercado globalizado, es más fácil de vender si tiene esa marca de lo supuestamente universal. Por otro lado, con un criterio dudoso, cuanto más complicada la obra, supuestamente más bella. “C’est beau, c’est compliqué” suele decirse. Eso, no hay ninguna duda, nos mete en el mundo de la mercadería del arte. Es decir: no hay ayuda para que el artista pueda crear sino que el mercado le ordena crear en una determinada manera. Se imponen modas artísticas, y los artistas, para sobrevivir, tienen que producir lo que el poder les exige. Son concesiones forzosas que tienen que hacer. Yo, por ejemplo, nunca viví de la foto artística; para sobrevivir fui a trabajar al campo con mi papá. Nunca quise contaminar mi producción artística. No sé cuál es, pero hay que buscar una nueva fórmula para darle otro lugar al artista y a su obra, para permitirle que pueda vivir con dignidad de su creación artística, y seguramente en el proceso que vivimos ahora se irá encontrando. Por ejemplo con la Red de Arte Kuai Mare ya se empezaron a dar importantes pasos al respecto: se favorece al público con precios solidarios, y se favorece al artista, a quien no se lo explota. Y lo mismo para con los museos: siempre fueron un lugar elitista que no beneficiaba a los artistas. En el Museo Alejandro Otero se ven ya los cambios. Los museos tienen que estar al servicio de las comunidades, porque para eso fueron creados. Fue ahí, en ese museo, la primera vez que expongo en mi vida. Y eso fue ahora, muy recientemente. Siempre los museos y las galerías fueron de una exclusividad terrible, y eso todavía no ha cambiado sustancialmente. Yo prefiero exponer en sitios no tradicionales: en restaurantes, en bares, en farmacias, en bodegas, en escuelitas, en hospitales, justamente para quitarle esa lectura de obra de arte inalcanzable. Uno va a un museo y luego de pasar por una puerta, todo lo que está de ahí hacia adentro es obra de arte. Pero debemos apuntar a algo nuevo, que el arte esté entre todos, en las cosas cotidianas. No hemos logrado todavía exponer en una carnicería, pero ¿por qué no?

ENcontrARTE: Esto nos lleva a un tema bien polémico. ¿Qué es el arte popular? Lo popular, el arte popular -sabiendo lo difícil de este tema- ¿está en la obra misma o en la forma en que ella es difundida y puesta al servicio de una comunidad? Exponer en la carnicería del barrio: ¿sería arte popular?

A.P.L: Tienes razón: lo “popular” es un término bien peligroso; pensemos, por ejemplo, en aquello de un arte ingenuo. ¿Ahí está lo popular? Creo que tal como dices: lo popular tiene que estar en relación al acceso de la población, al acceso de todo el mundo a los centros de difusión de cultura. Ahí está lo popular: que los grandes museos se abran de verdad al pueblo, que sean gratuitos, que se difunda eso, que todos vayan. Lo popular es la difusión masiva. Hay que decirlo: el artista, aunque sea complicado plantearlo así, es un ser bastante especial. Crea a partir de la dificultad, de la discordia, del dolor; se habla de la creación como sublimación del dolor. No sé bien qué pasaría con un artista que cree en un medio armónico; quizá su obra sería totalmente distinta. Alguien decía que la fotografía es un espejo con memoria, y que cuando se fotografía algo es porque ya se ha visto y lo tiene adentro. Cuando hace arte saca sus fantasmas, sus demonios internos, todo eso que se lleva adentro. Pero todo eso tiene que conjugarse con el aspecto social; no pueden ir aisladas una cosa de otra. De todos modos, esa conjunción tiene que salir sola, espontáneamente; no sirve si se fuerza. Veamos, si no, el realismo socialista. Ahí hubo muchos errores porque se quiso imponer al artista una forma de ver; y así no sirve. Ese compromiso debe venir solo. En la medida en que uno viva en armonía en una sociedad que va siendo cada vez más justa, con más derechos, donde todos podamos tener acceso a todo, donde todos seamos mucho más iguales en términos materiales, las motivaciones de creación van a ser distintas y el artista podrá integrar su obra a ese proceso de un modo mucho más natural. Creo que ahí tendría mucho más sentido mi trabajo de recopilación que he estado haciendo durante años. Yo nunca quise fotografiar el dolor en sí mismo sino pintar el dolor de no vivir en una sociedad justa. Ahora empezamos a avanzar en un nuevo sentido, pero sin dudas falta muchísimo todavía. El artista popular a veces está identificado con lo naïf, con lo ingenuo, con la no-academia, pero todo eso ha terminado siendo moda también. Y así volvemos nuevamente al tema económico. Con toda esa versión naïf del arte hay también una estética forzada que nos habla de una explotación económica; ahí hay comercio. Más que difundir esa estética de la ingenuidad, con la que algunos hacen negocio, no estaría mal promover que esos artistas populares puedan tener la oportunidad de entrar a la academia, que puedan estudiar. Claro que la enseñanza también es ideológica, pero habrá que ir viendo bien qué se hace, cómo se hace, qué hay que ir cambiando: hay que apuntar a hacerle ver al artista cuál es su función social, y darle al mismo tiempo las herramientas nuevas para mejorar su producción. Pero insisto: lo popular en la cultura anda por el lado de la masividad del acceso a la información y a los medios de comunicación. Cuando se hicieron las megaexposicones aquí, un tiempo atrás, mucha gente protestó porque no podía ser, según decían, que gente que hacía tres días que estaban pintando, estuviera ya exponiendo en un museo. Pero creo que no estuvo mal como experiencia, porque se dio la oportunidad a mucha gente a sentirse que se incorporaba a un proceso artístico, y por tanto también político. Hay cambios en marcha, sin dudas. Van lentos, porque los cambios en este campo son lentos, pero se está haciendo mucho. De hecho en el país están sucediendo muchísimas más cosas en el campo de la cultura de lo que uno cree. Tal vez desde Caracas no se alcanza a ver, pero recorriendo el país uno toma conciencia de los cambios en curso. Se está haciendo un trabajo social grande a través de colegios, de medicaturas; todavía todo lo que tiene que ver con la vida artística y cultural está muy centralizado en Caracas, pero se están empezando a mover las cosas, y mucho.

ENcontrARTE: ¿Y cómo ves a futuro todos los cambios culturales que se están dando ahora en Venezuela con el proceso revolucionario en curso?

A.P.L: Los veo muy bien. Son a más largo plazo de lo que quisiera, pero sin dudas se está construyendo algo nuevo con esta fórmula del socialismo del siglo XXI. Creo que se ha tomado conciencia que en muchos aspectos de lo que se hizo dentro del campo del socialismo hubo errores y que eso debe corregirse. Lo que está claro es que el capitalismo es un fracaso total, y con los errores del socialismo pasado se crean entonces las expectativas de crear un socialismo nuevo, superador. Eso es lento, difícil. Como decía Fidel: el problema del comunismo es que hay que luchar contra los instintos humanos, contra el egoísmo, contra las tendencias conservadoras. Todo eso es muy complicado. Y si bien esto es muy distinto al proceso cubano, estamos ante una experiencia especialmente interesante. Aquí estamos viviendo un proceso bien democrático, lo cual lleva a ser más lento. Estamos nadando, pero nos están agarrando de un pie. El gobierno de Chávez ha sido muy respetuoso de una oposición terrible, que juega un papel nefasto, que no deja avanzar, o que deja avanzar muy lento. Todo sería mucho más fácil si no tuviéramos esa oposición que no nos permite nadar con los dos pies, pero vamos por el camino correcto de todos modos. Los que hablan de falta de libertad de expresión aquí, no los entiendo, porque se puede decir de todo, casi demasiado diría. Por todos esos motivos los cambios van a ser muy lentos. Yo estoy cerca de los 60 años y no creo que los vaya a ver en su totalidad, pero no hay dudas que vale la pena luchar por eso. Llamémoslo socialismo del siglo XXI o como sea, pero creo que vamos bien encaminados. Los cambios en las estructuras mentales, los cambios culturales, vienen de la mano de cambios en la estructura económica; por eso son más lentos, porque primero está asegurar la calidad de la vida material. Uno quisiera que las cosas sucedieran de forma más rápida, pero no hay que desesperarse porque esto es lento. En el campo de la cultura el saboteo interno es enorme. Estamos infiltrados de gente demasiado negativa en nuestros organismos de cultura. Me parece muy bien que el ministro haya sido respetuoso de la gente anterior y quiera hacer las cosas paso por paso, pero el reclamo es que va muy lento. Lo malo es que el trabajo que se hace por un lado, mucha gente lo va deshaciendo por otro lado. En el caso de la fotografía creativa o autoral -excluyo la foto periodística porque ahí sí sé que hay- creo que soy el único fotógrafo que está con este proceso. De hecho el premio de fotografía nacional que se da todos los años, el actual gobierno se lo ha otorgado estos últimos años siempre a gente de derecha, gente reaccionaria, activistas de la oposición, que si bien dentro del quehacer artístico podrían merecerse un premio, no son un factor positivo en lo que tiene que ver con la cultura en el sentido amplio. Es que hay mucha gente reaccionaria dentro del gobierno todavía. Creo, lo digo con toda sinceridad, que hay que hacer una limpieza. Suena duro decirlo, pero es cierto. Es que tenemos poca gente. No es fácil promover los cambios; por supuesto sale más fácil seguir apostando a lo otro, a lo que estamos acostumbrados desde tantos años. Sigue habiendo muchas roscas, en muchos casos seguimos con la misma mentalidad de siempre, con las mafias, los grupos de poder del campo cultural que dependen en muchos casos de financiamientos extranjeros. Todo eso todavía es un poder demasiado fuerte. Eso desmoraliza un poco. De todos modos mi archivo fotográfico está a la orden del país, de toda la gente que lo quiera utilizar. La foto no es de quien la hace sino de quien la necesita. Hoy día se le da prioridad a los fotógrafos locales, a la gente nueva de cada región; y si bien eso, en lo personal, me deja un poco a un lado, me parece políticamente correcto. Hay que fomentar el desarrollo desde abajo, desde lo local. Y también hay que buscar el balance entre el mensaje y la estética. Una cosa no quita la otra; mucha de esta gente más joven trabaja con escasez de recursos técnicos, por eso hay que impulsar las dos cosas. El manejo técnico sin dudas es muy importante, y un ojo bien entrenado ayuda. Es como la ortografía en la literatura: puedes decir cosas muy bonitas, pero si no se te entiende, no sirve. Es complicado cómo buscar ese equilibrio; recuerdo que haciendo fotografía de denuncia siempre se nos decía que no importa cómo salga la foto, si está desenfocada, si está mal la luz, lo importante es el mensaje. Pero así el mensaje tampoco llegaba. Hay que buscar un sano equilibrio. Por ejemplo Salgado, en el Brasil, llegó a hacer fotos de denuncia tan hermosas que se terminaron comercializando, y eso dio lugar a la famosa discusión sobre la estética de la miseria. Es decir: hacer de la miseria algo tan bonito que se puede dudar si se está denunciando algo de esa miseria. Y es muy fácil caer en eso. Cuando aquí se dio la tragedia de Vargas muchos fotógrafos corrieron a fotografiar los trofeos de caza. Lo que sucede es que es bien difícil la construcción de un lenguaje que sea estéticamente bonito y al mismo tiempo que llegue, que sea masivo. Se camina sobre el filo de un barranco profundo donde es difícil guardar el equilibrio: ¿qué cosa hay que priorizar? Para eso está la escuela, la academia. Así podemos sacarnos de encima mitos estéticos que nos imponen, que nos han metido los poderes. Como decíamos antes, nuestro continente es un lugar de colores fuertes, vivos; somos tropicales. Y hay que saber de todo eso, tenemos que desarrollar nuestra propia escuela sobre todos esos aspectos, que es algo muy nuestro, muy de aquí. Hay que buscar esos equilibrios entre la estética de la llamada obra de arte y la posición ideológica, hay que trabajar mucho sobre todo eso. En este momento necesitamos hacer el registro de las imágenes del país. Necesitamos una suerte de realismo, sin caer en los excesos del realismo socialista soviético. Ahí se hizo todo eso porque se cayó en una pura propaganda política de gobierno; pero sin embargo se puede hacer una propaganda, una difusión mejor dicho, cuidando los valores estéticos de la expresión artística. El realismo socialista aquí debe dar como resultado un registro de la gente, de su cotidianeidad. Creo que sí, aunque suene feo decirlo así, debe haber una selección de las obras de arte. Los centros culturales son una referencia para las nuevas generaciones, y por eso hay que hacer una selección de lo que se va a mostrar. Hay que ser muy abiertos, muy democráticos, pero hay que tener también criterios de calidad. Hay que estar muy alertas por lo que nos quieren hacer pasar como hecho cultural. La ley Resorte, por ejemplo, es una buena medida; pero toda la industria comercial de la cultura busca la manera de saltársela, y de contrabando nos pasa una cantidad de material deformante que debería ser seleccionado y filtrado con más fuerza.

ENcontrARTE: Alexis, ¿querrías agregar algo más de lo que no hayamos hablado hasta ahora?

A.P.L: Creo que sería bueno mencionar que el Centro Nacional de Fotografía va a comenzar a publicar unos libros que serán monografías de fotógrafos documentalistas venezolanos y que se van a repartir gratuitamente en instituciones y a precios solidarios en las librerías. Me parece que esa es una muy buena iniciativa. También es importante mencionar que tenemos que conocernos más todos los fotógrafos latinoamericanos, estrechar más el intercambio a nivel de toda la región, porque como decía hace un rato, casi no conocemos producciones fotográficas de otros países hermanos. Y sin dudas se están haciendo muy buenas cosas en muchos lados, cosas de las que no nos enteramos. Conocernos, tener a disposición estos registros visuales de todos los países, puede ser una forma de contribuir a la integración latinoamericana, en lo cultural y en todos los aspectos. La fotografía es un arma creadora de conciencia; lo que hay que permitir es que se dispare. Hoy día el proceso de la Revolución Bolivariana que vivimos está posibilitando una cantidad de cosas nuevas en el campo de la fotografía así como en todo el campo cultural. La fotografía -y ahí pongo todo mi archivo personal- debe ser algo de real utilidad para la sociedad. Es por eso que ahí está a la orden con mucho gusto.

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One Comment

  1. Ricardo Gomez Perez added these pithy words on April 23, 2008 | Permalink

    Que trsiteza leer esta entrevista.
    Será que quiere ganarse el Premio Nacional jalando mecate? que triste todo.

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  • 04.Jul
  • El tiempo
  • Ha pasado tiempo desde la última vez que escribí por acá, era necesario guardar silencio.
    Estar en el PHE 2010 sin duda ha sido importante, es hora de retomar mi camino.
    Mirar hacia adentro y sacar lo que tiene que salir.
    A Adriana Lestido, gracias.

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